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Hablan las urnas…

Desde que tengo memoria la expresión “hablan las urnas” es usada por los distintos medios masivos de Hispanoamérica para representar la voluntad del pueblo en un día de elecciones. La “urna” deviene entonces en el “ser nacional” por excelencia. Aquel que determina el futuro de un grupo de personas, de toda una nación o de ambos. Parecería que sólo por un día su voz será escuchada, que sólo por hoy su presencia se verá magnificada. ¿Su “día de gloria” quizá? Tal vez sí, pero por favor, permítanme dudarlo.
En el escenario (o campaña) que montan los candidatos nos hablan de ideales, de fines nobles, de necesidades que han de satisfacer si son elegidos. Nos exhortan a ejercer nuestros derechos de ciudadanos hijos de la democracia, llevando por estandarte en sus propuestas la palabra “cambio”, una especie de llave mágica que logrará solucionar todos nuestros problemas como sociedad. Nos invitan a participar en el diálogo donde nos hacen sentir seres pensantes con ideas libres. Eso sí, si no se concurre a votar incluirán en nuestros impuestos 150 pesos en calidad de multa por actuar “en contra de los intereses de la Patria”.
Tal vez por eso se entienda que aún en el momento cúspide, cuando “poder” deja de ser una mala palabra y la bendita “intención de voto” se transforma en acción efectiva, para algunos de nosotros el cuarto oscuro representó exactamente eso, falta de claridad.
Si oscuridad es ausencia de luz, se podría pensar que hoy el cuarto estuvo signado, por ausencia de nuevas ideas, ausencia de propuestas atractivas, o reales en el mejor de los casos, y especialmente ausencia de caras nuevas. Con excepción claro de mi amigo, el pizzero de la esquina, que por conocer “al candidato” logró un lugarcito en la boleta. Y bueno, hay que entenderlo, el kilo de tomates cuesta siete mangos. Como él mismo dice “para avanzar de algún lado hay que currar”. Tengo que admitirlo, sale bárbaro en la foto.
El tiempo transcurre, luego de analizar “las ofertas”, de meditar cinco minutos, uno llega entender que la convicción es un lujo para pocos, que el ser nacional hoy podrá expresarse únicamente para los elegidos… ¿Y la voluntad del pueblo? Bien gracias. ¡Qué día de gloria ni que ocho cuartos! Al parecer incluso entre argentinos hablamos en varios idiomas.
Sobre en mano, me presenté ante la boca de la urna y emití mi voto sin poder evitar preguntarme: ¿a cuántos les habrá sucedido lo mismo?

5 Septiembre, 2007 - Publicado por Río Cuarto | Noticias, Política | | Aún no hay comentarios

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